Es a ti a quien la mañana dedica
el ensueño de su inocente gracia,
estalla tu flor salpicando estrellas,
y tu rostro sumergido de candor
en rosas se derrama.
Efervescente savia,
tiemblas si el viento azota
tu guitarra ardiente,
eres gloria sensible de latidos,
frágil placer tu infinito paisaje.
Fecundas en tu pecho mil ternuras,
te diluyes en milagrosa vida,
y alzas luz en tu vientre bendito.
Eres esperanza con sueños de sol,
puro augurio de alegría en tus ojos,
grana lira tu risa
que tu boca desgrana.
Cuando amiga, en un río despiertas,
florecida de dar con desapego,
en la suave placidez de tus aguas
duermen palomas blancas.
Enamorada eterna
te vuelcas estremecida de amor,
necesidad de amar inacabada
ardes sin consumirte todo fuego.
Nora
(Septiembre 2009)
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